6 meses de aprendizaje
Cuando dicen que los hijos vienen a enseñarnos, creo que se quedan cortísimos.
Sara cumple 6 meses hoy y creo q van sido los meses de aprendizaje más continuo y acelerado que viví, tal vez desde mis primeros 6 meses. Cuando dicen que los hijos vienen a enseñarnos, creo que se quedan cortísimos.
8 minutos
“Son 8 minutos así que disfrutalos.” me dijo la partera. Le pedí poner las canciones que habíamos elegido y le avisé que iba a llorar todo el parto. Si hoy, como cualquier día que estoy camianando con Blonde on Blonde de fondo, como no iba a llorar con Paul y Joni en el momento de conocerte. Avisé, por las dudas. Ahí entró tu papá al quirófano y puso la música. Vino a saludarme el obstetra y empezó la orquesta. Un par de movimientos, “ahí vas a sentir algo raro” y tu hermoso llanto. Y tu cara. Y la fuerza de tu grito, “qué pulmones” nos dijeron. Y yo sin poder dejar de llorar, pero por suerte te vi, te vi, te vi. Y viniste a nosotros.
De ahí para adelante, los 6 meses de aprendizaje más acelerado que viví, tal vez desde los primeros míos, que no recuerdo, pero voy viendo a través tuyo.
El espacio de meditación forzado
Los primeros días, o semanas, son caóticos. El día es noche la noche es día y en algún momento me encontré cantando canciones que hace décadas no cantaba. Como un mantra. Entre llantos y sin entender nada. Cantaba. Y a veces funcionaba. Sin preguntarme por qué ni que canción hasta q alguna te calmaba. A los 2 meses entendía un poco una rutina, y canté solo para entretenerte, pero viendolo ahora, esas canciones eran más para calmarme a mi que a vos, y entrando en mi ritmo, bajándome las pulsaciones, calmandome yo, te calmaba.
El espacio de meditación, el mantra, el silencio, pasó a estar en el espacio más sagrado que conocí, el momento de darte teta. Te prendiste sin pensar en un pasillo de la clínica y de ahí que no soltaste. El temita de la lactancia era una nueva montaña a la que me propuse enfrentar cuando nacieras y para esto me había apalabrado varias puericultoras (palabra muy de ahora, pero que no todo el mundo conoce, son las magas que acompañana y ayudan a que quienes quieren logren dar teta más fácil). No las necesité, saliste con hambre, para comprobar que eras hija mía, y tuve suerte en enganchar en ese camino fácil. A veces pasa, pero no siempre, así que agradecí que funcionara y me convertí en tambo.
Aprendí que no es fácil ser tambo, es mucho el tiempo dedicado y el cansancio. Una amiga me dijo esas primeras semanas que amamantar es casi tan demandante como un deporte extremo. No sé si es solo amamantar, pero la rutina nocturna, cuando todavía no es rutina y estar 24 hs pendiente de ser alimento y todo lo necesario es agotador. Mis amigas madres ya no se acordaban de como fue para ellas, la mayoría tuvieron hijos hace rato. Con Sebas, mi novio, dedujimos que nos extinguiríamos como especie si recordáramos esas primeras semanas. Es simplemente un tema de supervivencia.
La nobleza y sabiduría de la naturaleza
Ese espacio de lactancia, de estar ahí, mirando el techo, la pared, tu cara y pensando todo lo que pasa alrededor, debo decir me generaba sensaciones encontradas. Por un lado verte y conectar con vos, me llevaba a pensar la belleza de la humanidad, por otro, ver que el tiempo pasaba y yo seguía en el día de la marmota, sin reconocer fechas, ni horarios, me daba ansiedad.
Algo que hice PÉSIMO fue mirar mucho twitter esos primeros meses. Creo que por despertarme a cualquier hora y querer ver “novedades”. Mi feed se pobló de artículos y opiniones con la catarata de la inteligencia artificial. Si, Sara, naciste ese diciembre que todo se aceleró y aparecieron los agentes. Y yo, entusiasta de todos estos temas, una vez más me sentía afuera, la veía pasar, no entendía. Por suerte me di cuenta rápidamente lo mal que me estaba haciendo ver esto y me volqué a disfrutar un poco más de esos momentos en vez de querer ver o aprender algo. Me acuerdo un podcast que escuché que una contaba que como sentía que se le atrofiaba el cerebro en el posparto, veía CHARLAS TED MIENTRAS AMAMANTABA para SENTIR QUE APRENDÍA ALGO. Ahí lloré, pero de la risa.
Entregarse
Comentándole de mis días de la marmota una amiga me recalcó la nobleza de esos momentos de ser alimento, de frenar todo para estar ahí, para darte palmaditas en la espalda esperando un provechito. Conectar con lo más básico, que los días pasen, que la luz baje, que tu sueño enganche con la cadencia del sol y la luna. Y ahí aprendí una vez más a entregarme y a encontrar ese ritmo tuyo y mío y tuyo de vuelta.
La mente
El cerebro de la mujer cambia post parto. Pre-parto también, va preparándose. Por eso todavía le digo empanadas a las medialunas y me cuesta bastannnnte retener nombres. La chica que decía en el podcast lo de las charlas TED, peleaba una batalla perdida, muchas veces no nos da. Simplemente, no podemos, es un tema biológico, no es que te toca o no. Creo que lo que aprendí de esto fue entregarme a esos espacios y ahora, viéndolos pasar, siendo una persona que siempre está haciendo tantas cosas a la vez, esa pausa me trajo una claridad inesperada. Con mi socia habíamos dejado decisiones importantes predefinidas, pensando que no me daría la cabeza y la primera vez que nos juntamos (porque a los 3 meses quise saber como iba todo, si bien no podía y no quería dejar mi licencia) tuve pensamientos que no sé si hubiera tenido de seguir con mi rutina pre - Sara.
Ahí me di cuenta lo que me sirvió frenar la pelota, pensar otra cosa, dedicarme 100% a una causa tan noble como criar una nueva ser humana. Puede ser otra la causa, la dedicación, pero salirnos de la rutina también trae claridad y más cuando tenemos tantos tiempos que llamamos erróneamente “muertos”. Esas pausas, que nos conectan más que nunca con nosotras mismas, tal vez sean los tiempos más vivos que tenemos.
De todo esto aprendí que fui madre mucho tiempo antes de serlo, como tantas mujeres. Desde mi preocupación por pasear a Alí en el horario más lejano del día, para que pase la noche tranquilo y aguante hasta la mañana sin querer hacer pis, hasta mi forma de estar siguiendo en qué andan mis amigas, mi familia, mis equipos. Entendí por qué las mujeres somos inherentemente multitasking, por más estudios de productividad que nos digan que podemos no serlo y ser mejores. Lo maternal tiende a parar nuestras antenas a todo lo que sucede y ocuparnos de muchas cosas a la vez. Por eso tal vez la pausa tuvo este efecto en mi, me forzó a frenar y despejar. Qué pasaría si hiciéramos eso como rutina? Un tiempo de nada. Yo lo implementé un par de veces y siempre me salieron cosas nuevas, pero esta vez fue superador.
Volver
Siempre se vuelve al ruedo, aún cuando nos parece tan difícil y lejano, pasa sin darnos cuenta. La ansiedad que me daba estar fuera de todo, cuando dejaba de “conectar con lo importante”. A todas nos pasa, que muy lindo decirlo y todo, pero la realidad es que hay un momento que a pesar de saber qué es “lo importante” querés tu vida de nuevo. No planee mi vuelta tanto como me imaginaba, pero empecé a armarme de apoyos para tener ratos “libres” y poder hacer cosas. al principio, no fueron muy felices, porque tuvieron que ver con trámites de cierre de Daravi. Ahí la claridad que me regalaste tuvo que ver con ponerte primero y que tu sonrisa me acompañara en todo ese cierre para hacerlo más fácil. Cuando se empezaron a cerrar todos los temas, empecé a tener horas sola para volver a encontrarme. Y ya ahí empecé a volver, a reconocerme, en esos espacios, en las cosas que me gustan. Como entre las cosas que me gustan está lo que hago, empecé a interesarme por como iba Unplastif,y como seguían otros proyectos en los que colaboro y que cosas podría ir aprendiendo de las herramientas y novedades que me interesan. Aprendí que la limitación se la pone una, esto de “no me va a dar la cabeza” es una frase que repetí mil veces posparto y al final, solito se fue dando todo, me empezó a dar la cabeza, me fueron cayendo las ideas y me dio mucho más de lo que me imaginaba. Lo importante de ahí fue generarme esos espacios de apoyo para poder conectar conmigo. Agradezco a las amigas que me recalcaron el valor de tener ayuda y compañía anticipadamente, cuando aún no lo veía.
La joya
De todo lo que aprendí en estos meses, aprender a entenderte es de las cosas más interesantes que me pasaron. Entender como tu ritmo se asemeja al mío. Cómo mirás profundo. Qué quiere decir cada uno de tus llantos. Cuándo querés que te lleve a otro lado y cuándo querés que te alze. Cómo entendés vos ese mundo, cómo aprendés vos. La priorización de las cosas que me regalaste desde el embarazo, entender a qué prestarle más atención y a qué no, es algo que esperaba se extendiera una vez que nacieras. Me parecía mágico como me regalabas ese orden de las cosas. Y vino algo mejor. Tener ese foco, aprendiendo a mirar con tu mirada. Aprender a ver con tus ojos y entenderme a mi con ellos.
—
Voy a estar compartiendo algunos viernes de aprendizaje, sobre cosas que aprendo, que conozco o no tanto, sobre emprender, sobre herramientas que uso, sobre libros, sobre podcasts, pero también sobre las cosas cotidianas, que a veces traen más aprendizajes que todos los cursos que podamos tomar.


Qué maravilla leerte amiga y que privilegio para Sara que seas su mamá ❣️